Cultura sutil.

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Logos y "loguitos"      La Naturaleza

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Las raíces de la incultura  

Las raíces de la incultura 2      Lo Superior y el cerebro

Tertulia con Manue       Tertulia con Manue 2

Las raíces de la incultura 3       Las raíces de la incultura 4

 

 

 

 

Logos y “loguitos”.

 

            Esta sociedad occidental tiene de todo, privilegios y retrasos. Es un privilegio respirar hoy en día. Hace 100, 200, 300 ó 400 años las condiciones de vida del occidental medio eran peores que las actuales. Trabajo, alimentación, educación, esperanza de vida ... prácticamente todo estaba en un nivel inferior. En todos esos aspectos hemos ganado en los años que han transcurrido.

 Aquí defendemos que en otro aspecto, el ideológico, estamos un poco mejor, sólo un poco mejor a nivel general, a nivel de sociedad. Hace 400 años Occidente estaba aun más despistado y era aún más ignorante que lo es hoy en día. La ventaja que les llevamos, como sociedad, es, no obstante, insignificante.

 Por el contrario, hace 2.000 años, en una parte de Occidente, en el Imperio romano, la cultura ideológica era muy superior a la nuestra, a la de hoy, no digamos nada a la que había hace 400 años. A ese período vamos a remontarnos, e incluso un poco más, a cuando las cosas importantes empezaron a explicarse de manera perfecta. Es difícil explicar las cosas profundas de manera perfecta, pero en Grecia, un puñado de hombres lo lograron. Esto sucedía hacia al año 500 antes de Cristo. Una de las primeras personas que supieron explicar las cosas bien fue Heráclito.

 Había nacido en Éfeso hacia el año –500. Tuvo la experiencia de lo Superior y, claro está, lo dejó escrito. Miró a su alrededor y comprobó que casi nadie sabía lo que él y que, cuando lo contaba, casi nadie entendía. Él escribió para los pocos que le entendían. Las frases más lúcidas de lo que se nos ha conservado suyo aparece este mes en el apartado Sabiduría. Yo me voy a conformar con comentar sobre la forma que tuvo Heráclito de definir a la Divinidad.

 Apenas 250 años antes que él había nacido Hesíodo y Hesíodo había dado forma a la religión griega basada en los dioses del Olimpo. Los helenos no eran autóctonos, sino invasores que provenían de tierras más al norte. Posiblemente, Hesíodo adaptó la creencia en los dioses ancestrales de esas tribus invasoras a su nueva ubicación y les adjudicó como morada el monte Olimpo, con sus 2.900 metros, el más alto de Grecia. Los griegos aceptaron que sus dioses vivían en el Olimpo y que eran tal y como Hesíodo dejó escrito que eran, varios, con formas cuasi-humanas, divididos en dioses y diosas, con apetitos de todo tipo, etc. Unos dioses perfectamente comprensibles, con sus pasiones y sus malos humores. Como los mismos humanos, pero a escala de divinidades.

 Heráclito descubrió, por propia experiencia, que todo eso era falso y que la Divinidad no era así, ni mucho menos. Y tuvo que definir cómo era la Divinidad. Y eligió para describirla un vocablo, ambiguo, difuso, un vocablo que describía y que no describía a la vez. Dijo que la Divinidad era la Causa, el Motivo, la Razón de ser de las cosas. La Divinidad era todo Juicio, todo Inteligencia, todo Buen Sentido. La Divinidad, en griego y para Heráclito era todo eso, y eso en griego se decía Logos.

Además, el Logos no se había conformado con quedarse a solas en su estado, sino que había hecho las cosas de manera que en cada ser humano hubiera una irradiación, una especie de soplo, una participación de Ella. Cuando Heráclito hablaba de la Divinidad, a la que él llamaba Logos, escribía Logos con mayúscula. Cuando hablaba de esas emanaciones, proyecciones o radiaciones, que son las almas de los humanos, las llamaba logos, con minúscula.

 Pero el hombre no siempre sigue su logos, incluso muy pocos hombres lo siguen y muy pocos comprenden qué es esto del logos propio, por más que él, Heráclito, no hablaba de otra cosa. Después de Heráclito, unos cuantos griegos comprobaron que Heráclito tenía razón y adoptaron su forma de describir la realidad Superior o sutil. Tras Heráclito, al logos individual se le empezó a llamar semilla de Logos, porque la presencia del Logos divino estaba como en forma de semilla, aún no crecida, había que hacerla crecer y eso costaba. En griego eso de la semilla se decía logos spermátikos, semilla de Logos.

 El mismo Heráclito dejó escrito que lo que había que hacer para desarrollar ese logos individual era “escuchar la voz común y actuar según la Naturaleza”. Porque Heráclito ya había descubierto que ese logos, que esa emanación divina que se esconde en nuestro interior, era nuestra verdadera naturaleza. Y sabía también que todos los humanos tienen permiso para poner en marcha su logos personal, por más que muchos ni lo intenten en vida.

 Volveremos a hablar de Heráclito para algún concepto que hoy no hemos nombrado. Hoy nos interesa saber que la Divinidad no era para Heráclito una divinidad personal, al estilo de las del Olimpo. La Divinidad era el Uno, el Único, la Causa de que las cosas sean al estilo de Ella, con un trocito de Logos como muestra, como embrión a desarrollar.

 La Realidad es que la Divinidad es Logos, Causa,  Inteligencia, Juicio y que es asimismo Una sola. Pero, lo más importante y práctico, que cada humano es un logos spermátikos, una semilla de Logos, semilla que conviene hacer crecer. Y en eso estamos, pero sólo algunos privilegiados.

 Lo que trataremos aquí es que estas ideas, que son correctas y poco conocidas, se vayan incorporando a nuestra cultura occidental y llegue un momento en que esto lo enseñen los padres a los niños, en sus hogares, y los maestros a los estudiantes, en las escuelas. Y luego que cada joven decida si trabaja su semilla o la deja en barbecho. Eso o seguiremos siendo tan “ceporretes” como sociedad como estamos dando muestras de ser, dicho sea con todo cariño, sociedad.


La Naturaleza

 

        Hace bastante tiempo leía un libro escrito por un seguidor de Heráclito, de Maese Eckhart, editado pro Edhasa en 1.983, monje dominico del siglo XIII. Le llamo seguidor no porque él así lo dejara escrito, sino porque la concepción de la Divinidad para Eckhart era la misma que para Heráclito. Eckhart, como Heráclito, vivía en una sociedad confundida, mal enseñada, que creía en dioses falsos. Y él, como Heráclito, enseñaba la verdadera naturaleza de la Divinidad y, lo que es aún más importante incluso, la verdadera naturaleza del ser humano. Cada persona que descubre su verdadera Naturaleza, ese logos spermátikos que alberga dentro, llama a esa capacidad increíble de una forma personal. Heckhart la llamaba "chispita", lo que es un manera ingeniosa y cariñosa de nombrar a la Semilla.

        Pues bien, el traductor no se armaba lío y sabía interpretar correctamente a Eckhart y su visión del humano y la Divinidad. El que sí se armaba lío era el traductor de otra obra anterior, de las Meditaciones de Marco Aurelio, Alianza Editorial, 1.985, que hasta hace poco estaba en las Librerías, y que es un libro a recomendar al buscador. El traductor, un tanto desesperado, se preguntaba en la página 14 de la Introducción:

        "Ante sus continuas alusiones al tópico de "vivir conforme a la naturaleza" cabe preguntarse: ¿Qué quiere decir exactamente "vivir conforme a la naturaleza"? ¿Hay alguien que nos enseñe tal cosa? ¿La naturaleza misma? ¿Y cómo? ¿Qué relación guarda el arsenal de recetas estoicas con la naturaleza, esa entidad abstracta?

        Es de creer que la naturaleza a que se refiere Marco Aurelio es una naturaleza racional, pues bien claro queda en la filosofía estoica que la razón ha de controlar los impulsos ..."

        Esta cita de un autor despistado supone una invitación a aclarar sus dudas y a aumentar nuestros conocimientos sobre temas fundamentales como los que aquí tratamos. El lector posiblemente ya sabe qué es eso de la naturaleza, que nosotros llamaremos más bien Naturaleza. Nuestra verdadera Naturaleza es esa semilla de Plenitud que se nos ha dado para que la hagamos crecer y, de alguna manera, seamos como dioses. Claro que sólo se percibe con nitidez eso de la Naturaleza y de la Semilla cuando una la nota dentro, cuando uno mismo tiene experiencia de Ella. Que le peroren a uno sobre la cosa o se la alaben no es lo mismo que tener uno mismo la experiencia de la cosa en pleno funcionamiento. De ahí que haya muchos, legión, los que terminen sus vidas sin conocer qué es la bendita Naturaleza esa.

        Y ésta es la cultura que nos falta, la que aquí tratamos de recopilar para el lector interesado. Y, en línea con el artículo de El Camino de este mes de Junio, cáptese la incongruencia de que un traductor de libros para una Editorial de prestigio, que acomete la traducción de un libro sobre el mundo de las Ideas, sea un completo ignorante de qué sea eso de la Naturaleza. Y, traduciendo a un alumno aventajado, a un prokoptes, como era Marco Aurelio, un prokoptes regio, tenga que reconocer que lo ha traducido pero no tiene ni idea de qué es ese valor repetido muchas veces por Marco Aurelio de "vivir conforme a la naturaleza" hasta convertirse en un "tópico", al decir del traductor.

        Esto sería un termómetro de lo absurdo de muchas traducciones que hay en el mercado, hechas por gentes que lo ignoran todo sobre aquello que traducen. Algo así como si un pastor de ovejas se pusiera a traducir un trabajo de investigación médica sobre las neuronas afectadas por la enfermedad de Alzheimer. Un pastor de ovejas podrá traducir libros escritos por pastores de ovejas de otra nacionalidad sobre trato y cuidado de las ovejas merinas y demás, y lo hará muy bien posiblemente. Pero no más.

        La Naturaleza, nuestra Naturaleza, es esa componente de la Dimensión Superior que el ser humano posee y que tan pocos humanos usan. Y "vivir conforme a la Naturaleza" es lo que aquí solemos llamar "vivir colgados del Fondo", que es lo que sucede cuando uno ha superado "la rampa de acceso" y se ha establecido en el llamado Nivel IV. Mientras no logramos subir hasta Allá Arriba, vivimos fluctuando. Unas veces actuamos de acuerdo con nuestra Naturaleza y otras perdemos los papeles y nos dejamos engañar por "el mundo de la ilusión", que dicen los orientales. Nos volvemos como niños y nos ponemos a jugar con los juguetes materiales con los que la gente juega, confundiéndolos con cosas de mayores.

        Cierto que pronto nos damos cuenta de que hemos retornado al mundo de la ignorancia y enderezamos la brújula para retomar el buen Camino. Ya sabemos que para volver al Camino de la Naturaleza tenemos que adoptar sus valores y seguir ciertas reglas. Cambiar la tonalidad, volver a la perspectiva sutil, ponernos de esa postura limpia, nos permite identificarnos con la Naturaleza, con el Logos interior y enseguida notamos la diferencia.

        Respondiendo en detalle al despistado traductor,

        ¿Hay alguien que nos enseña tal cosa? Claro, todos los que han experimentado y vivido conforme a esa Naturaleza. Lo que sucede es que primero hay que sentir la insuficiencia de los valores en curso, vienen enseguida las ganas de encontrar algo que merezca nuestra adhesión, se busca y busca y finalmente se encuentra algo que parece perfecto. Luego viene el trabajo de asimilar o incorporar eso a la propia vida. Y todo esto lleva algún año que otro.

        ¿La naturaleza misma? No, la Naturaleza de por sí no nos enseña que Ella está ahí dentro puesta, deseando entrar en acción. Es nuestro grado de Evolución el motor de la búsqueda. Lo que sucede es que ¿cómo decirle a un despistado que le falla el motor esencial? Mejor nos callamos.

        ¿Y cómo? Ya se ha dicho, es un proceso que ha de iniciar el sujeto. Una vez que se inicia, uno ya no para. Lo costoso y singular es iniciarlo. Porque, una vez iniciado, uno se coloca en los ambientes en que esos valores son apreciados y por fin termina por hallar algo que merezca la pena.

        ¿Qué relación guarda el arsenal de recetas estoicas con la naturaleza, esa entidad abstracta? Esas, mal llamadas, recetas estoicas son el desarrollo de ese "vivir conforme a la Naturaleza". Lo que sucede es que según cómo llamemos a las cosas estamos dejando claro el lugar que esas cosas ocupan en nuestra "despensa" conceptual.

        Llamar al Conocimiento de la Escuela estoica "recetas" y decir de la Naturaleza que es una "entidad abstracta" cuando es la Esencia de nuestro Ser, la componente que nos hace posible la Unión con la Plenitud, lo Único que da sentido y culmen a nuestra existencia, llamar a todo eso "entidad abstracta" da una idea del despiste mayúsculo y esdrújulo en que vive no sólo el traductor, "de cuyo nombre no quiero acordarme", sino toda la sociedad a la que se dirige el libro traducido, que no dice "esta boca es mía" ante esa demostración de desconocimiento supino.

        Lo que justifica que haya un apartado en la web de esta Escuela Virtual del Conocimiento donde se explique un poquito de Cultura sutil, qué demonios ...!

        PD: En cada artículo subrayaremos una palabra, relacionada con la Cultura que nos falta, que será el tema del artículo siguiente. Por cierto, otro día hablaremos de démones y demonios, que no son lo mismo.


Logos y razón.

 

        Hoy tocaremos un tema vital en la cultura, o falta de cultura, sutil, la traducción que se acordó dar al término logos. Esa traducción va a depender del traductor, de su mentalidad, de sus intenciones, de su formación. Ya sabemos que Heráclito llamó así a la Divinidad y a la semilla de Ella que está colocada en nuestro interior, lo que aquí llamamos Fondo.

        Pues bien, mientras no hizo falta traducir el término logos a otro idioma que no fuera el griego, no hubo ningún problema. Cuando buscadores romanos quisieron enterarse de lo que se enseñaba en Grecia, tradujeron correctamente logos a su idioma, el latín. No tengo obras de ésas, pero no cabe duda de que el que busca ya sabe lo que busca, dónde encontrarlo y cómo traducir un concepto vital como era logos, tanto referido a la Divinidad, como referido a la semilla, logos spermátikos, semilla de Logos.

        Pero más tarde vinieron los partidarios del Cristianismo, de la religión nueva y única. Les estorbaba el Conocimiento griego y decidieron destruir todos los libros que lo enseñaran. Pero hasta en sus propios textos fundacionales, como el inicio del Evangelio de Juan, se hablaba del Logos como Divinidad. Bien traducido, el inicio de Juan dice:

                1 En el principio existía el Logos, y el Logos estaba junto a Dios, y Dios era el Logos.

                2 Éste estaba en el principio junto a Dios.

        En algunos textos que se decidió no destruir se decía que el humano era un "ser vivo dotado de logos".

        De modo que se actuó para desdibujar todo el contenido de Sabiduría griega y se tradujo de la siguiente forma: Cuando Logos se refería a Dios, como en Juan 1, se tradujo por Verbo. Y la traducción pasó a ser

                1 In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum.

                2 Hoc erat in principium apud Deum.

        Que en nuestro idioma se dice ...

                1 En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y Dios era el Verbo.

                2 Éste estaba en el principio junto a Dios.

        Claro que el Verbo era la persona de Jesucristo, segunda persona de la Trinidad cristiana. Así, hasta los griegos contribuían a la mayor gloria de nuestroDios.

        Cuando en un libro griego alguien decía lo de que el humano era un "ser vivo dotado de logos" y lo decía así "logikon zoon" que significa zoon = ser vivo, Zoología viene de ahí. Y logikon, con logos. Entonces se tradujo logos por "razón". Se dio a la componente trascendente o sutil, el muy inferior concepto de razón, mente, inteligencia.

        De ese modo, la definición del ser humano pasó a ser "animal racional", lo cual es mucho más inofensivo. Y se priva a la sociedad de saber la capacidad excepcional que posee cada humano. De modo que así no la usa y no se da cuenta de que vive engañado y en un mundo de descabezados.

        Y ésta es la herencia que arrastramos, amigo lector. De ahí que todos los textos en que figura la palabra logos estén desde siempre mal traducidos, ocultándose la riqueza del concepto logos.

        ¿Qué ocurre cuando una persona que nada sabe de búsqueda, ni de Esencia, Fondo, Naturaleza, Logos o Nous, se pone a traducir un libro de un Maestro griego, libro que no llegó a ser destruido? Tiene a mano otras traducciones en otros idiomas que conoce y cuando tiene alguna duda, mira a ver cómo lo tradujo Fulano o Mengano. Como todos ellos tienen el mismo desconocimiento de lo que Heráclito y sus discípulos querían decir, todos ellos ponen "razón" donde el Maestro griego dejó escrito logos. Y pone "razón" o "racional" como traducción, contribuyendo así a que la ignorancia más espesa siga implantada en nuestro sufrido Occidente.

        De ahí que se pueda asegurar que todos los libros de Maestros griegos traducidos por personas que nada saben de Conocimiento, porque jamás lo han buscado, ni saben que exista, y no han olido de él ni el más diluido aroma, estén con los conceptos más elevados cercenados, mutilados, deformados o tarados. Un traductor así no manipula conscientemente, pero su formación lingüística, su ignorancia enciclopédica y su osadía mayúscula - al ponerse a traducir temas que no domina - le llevan a ser una peón más de la manipulación a la que los primeros traductores sometieron a todos los conceptos claves del Conocimiento griego.

        Por eso Gurdjieff, que era un crítico feroz, al igual que Nietzsche, dejó esa cita que tanto acierto tiene y que dice algo así como que "si un autor dormido escribe un libro, sólo contribuirá a que sus 1.000 lectores dormidos continúen soñando apaciblemente". O, como copió Sócrates de otro anterior, "lo malo no es que no saben , lo malo es que no saben que no saben". 

        Este herencia tenemos y con ella debemos contar, y saber que no podemos esperar nada de libros de Conocimiento traducidos por legos, ignorantes o despistados, o sea, expertos en lenguas antiguas pero analfabetos en Saber antiguo. De ahí que la traducción correcta esté esperando para ser hecha y que sólo podrá hacerla quien tenga experiencia en temas sutiles y sepa elegir, por ejemplo, cuál de las 72 acepciones que mi diccionario escolar da para logos es la que se debe aplica a una determinada frase de Sabiduría. Esto es imposible para un analfabeto sutil, pero muy sencillo para quien tiene la experiencia debida.


El daimon

 

        Otro de los temas que tenían claro en la Antigüedad era la existencia del Fondo, aquí le llamamos así. Y a esta componente la llamaban de diferentes formas, porque diferentes vocabularios había, casi uno por cada Escuela de Filosofía. Ya sabe el lector que esta componente es la más importante del ser humano, la única que nos hace posible la Plenitud, por lo que todas las personas que han logrado algo en el campo de la Plenitud no hacen sino andar con el Fondo o daimon de aquí para allá.

        El daimon era, para los Maestros antiguos, otra forma de llamar a cada uno de los logoi spermatikoi, las semillas de Logos, la semilla que portamos y que debemos hacer crecer más de lo que estaba crecida al nacer. La idea de que al nacer ya tenemos una componente, la más elevada, de cierta altura, con cierto grado de crecimiento, era una manera muy apropiada de que el ser humano que siguiera estas enseñanzas no le temiera a la muerte. Porque si ya había algo suyo funcionando antes de siquiera nacer, eso significaba que algo nuestro venía aquí de otro lugar. Luego por lógica, allá volvería. Con ello, la estancia en este mundo se consideraba, con toda naturalidad, como un interregno, un paréntesis, un episodio singular, sólo eso.

        Por otra parte, cualquiera puede darse cuenta de que al nacer, y ya de muy pequeños, tenemos ciertas cualidades positivas, dominamos ciertos comportamientos, no tenemos dificultad en ser parcialmente bondad, confianza, seguridad en nosotros mismos, generosidad, sentido del deber, autodisciplina, etc. Luego si nacemos con ciertas cosas aprendidas (lo que aquí llamamos asignaturas aprobadas) ello significa que no somos de hoy, que no somos de aquí, que de algún sitio venimos con un crecimiento realizado a medias. Y eso, hasta los antiguos se daban cuenta de que así era.

        Lo que había que hacer crecer era el propio daimon, el propio Fondo, la semilla de Plenitud, lo hegemónico en nosotros. De ahí que también a esa facultad preciosa la llamaban hegemonikón, que no hace falta traducir. Esa facultad actúa siempre, cuando sale a relucir, conforme a su naturaleza, que es la mismísima Plenitud, al mismísima Divinidad. De modo que decían con frecuencia que había que obras o actuar conforme a la naturaleza, al daimon, al hegemonikón, a la semilla.

        Porque ella pertenece a lo Pleno, a lo Uno, tiene esa naturaleza y nosotros somos, en realidad, esa componente sutil o superior. Luego nuestra naturaleza es la Plenitud, por más que aún la tengamos apenas asomada, poco crecida, poco cuidada, olvidada, ignorando - infelices de nosotros - que somos algo tan precioso.

        Plotino, que, además de Maestro, tenía un fino sentido del humor - pero fino, fino, porque apenas lo usó en sus Enéadas - habló en una de ellas de "el daimon que me ha tocado en suerte". Las cosas no son así, el daimon, o semilla, o Fondo que cada uno es, no se otorga por sorteo en una Tómbola o rifa celestial. Pero Plotino hablaba para gente que sabía de qué iban estas cosas y se permitió esa broma.

        Quedemos, pues, en que el daimon es el Fondo en lenguaje griego antiguo, también llamado logos spermatikos, semilla de Logos, o hegemonikón, lo hegemónico, también llamado gnomé, o capacidad de percepción o de conocer, que también así se llamaba. Iremos viendo alguna manera más de llamar a lo más importante que tenemos, lo único que nos da la Felicidad.

        Junto con el concepto, se enseñaba que a eso hay que hacerlo crecer, que no basta con mirarlo con cara de bobos. Y que se le hace crecer actuando como los dioses mandan, por Zeus!, haciendo como si lo tuviéramos desarrollado por un momento, por un cuarto de hora.

        ¿En qué ha quedado todo eso? Ya vimos el mes pasado que a todo ello se lo tradujo de pena y se rebajaron las facultades superiores hasta ponerlas al nivel de la pobrecilla razón, haciendo de ésta la directora de la orquesta. Leo en mi diccionario de griego VOX:

        Gnomé (gnwmh) facultad de conocer, entendimiento, razón; ... carácter, temple; ...

        Si uno sabe de qué iban los antiguos, reconoce en su diccionario la traducción no demasiado deformante. Éstas acepciones son las que reproduzco, junto con las que le rodean. Las más cercanas las he señalado en negrita. Aquí le llamamos capacidad de percepción, pero diferente a la argumentación lógica de la razón. También la llamamos nivel de evolución, que sería el similar a carácter, marca interior.

        Veamos la suerte que corrió el concepto de daimon en nuestros modernos diccionarios, elaborados por alumnos de la escuela de la desinformación sutil.

        Daimon (daimwn) dios, diosa, divinidad; divinidad inferior, genio, espíritu; ... espíritu del mal, demonio; ...

        No nos hagamos tampoco demasiadas ilusiones, nuestros daimones, por relucientes que estén, son Plenitud en tono menor. De modo que les va bien lo de divinidad inferior ... No voy a comentar apenas sobre traducir daimon por demonio, es el colmo de la malversación y de la subversión de valores. Y da una idea de la deformación que se introdujo en la buena doctrina que se enseñaba antiguamente.

        Veamos algo más suave, una muestra del despiste que tienen los que traducen obras de simples prokoptes sin tener idea de la Realidad sutil. Ya cité otro párrafo de este traductor de las Meditaciones de Marco Aurelio. El párrafo que ahora tomo trata del concepto de daimon y dice así el bueno del traductor:

        "Como todos los estoicos, Marco Aurelio alude de continuo a ese dios que habita en nosotros y que es como un representante vicario de la Divinidad, al que llama "daimon" ("duende" o "Genio", que, tal vez no con idéntica misión, reivindicaba Sócrates) y que viene a ser una especie de ángel de "ángel de la guarda" que se identifica, si no me equivoco, con el hegemonikón o principio rector del individuo." (Meditaciones de Marco Aurelio. Alianza Editorial, 1.985.)

        No se equivoca, daimon y hegemonikón son dos vocablos para el mismo concepto, el Fondo. Me agrada que refiera que "Marco Aurelio alude de continuo ...". Es que no hay más remedio. Es que toda nuestra incultura proviene de que ni sabemos que exista lo más importante que tenemos. Los antiguos se pasaban el día hablado de él en cuanto se juntaban dos prokoptes bisoños o primerizos. El traductor no se da cuenta de la Verdad que encierran algunas de sus frases. Lástima que estén tan mezcladas con ignorancia que sólo cuando ya se sabe se da uno cuenta de las cosas verídicas que dice sin saber.

        Nuestro empobrecimiento proviene de que nos han cercenado la capacidad superior a base de no hablar de ella durante 1.700 años. Y ése es el asno-alfabetismo que tenemos, cosa que se cura con agri-cultura sutil, como la de este apartado.


Acmé

 

        Hoy, que ya conocemos algunos de los vocablos que se emplearon hace 2.500 años para describir nuestro trabajo, vamos a intentar una pequeña síntesis de cómo se explicó en la Grecia clásica la cosa nostra ésta. Y así comprenderemos lo que hemos perdido, en qué consiste nuestra ignorancia como sociedad. Porque nos conviene saber que, socialmente, como sociedad, somos asno-alfabetos. Si no lo sabemos, si pensamos que las cosas deben ser como son en nuestro pequeño Occidente, si todavía la mayoría piensa que todo va bien, no habrá impulso alguno para recuperar los 2.500 años perdidos.

        Lo bonito de la Grecia de hace 2.500 años es que había una cultura sutil. Se escribía y mucho, sobre la forma de lograr la Plenitud. Ya sabemos que el humano era en aquel entonces un ser vivo dotado de logos. Que el logos de cada humano era una semilla del Logos Superior, semilla que había que desarrollar y que en ese desarrollo estaba la clave de la Felicidad. Que ese logos era nuestra verdadera naturaleza y no el cuerpo, ni la mente, y menos los dinerillos o las posesioncillas. Que esa mirada amorosa del Logos sobre cada uno de sus estornudos, que eso somos los humanos, esputillos divinos, era tan poderosa como la Fuente de la propia Plenitud, que eso era el logos de cada uno, la posibilidad de participación en la manera de Ser de la Divinidad. A esa cualidad se le llamaba daimon, lo mejor que encerramos, lo hegemónico, el hegemonikón.

        Nunca dijeron los Maestros antiguos que desarrollar la Semilla de Logos personal fuera coser y cantar, al contrario. Sócrates le decía a su alumno Fedón que la cosa era como un parto, que Fedón era la parturienta, y él, Sócrates, la comadrona, que no puede parir en lugar de su cliente, pero sí puede ayudarle con lo que sabe sobre el asunto. Pues bien, al parto, que es cuando la criatura asoma a este mundo y ya no puede volver al seno de donde vino, a esa salida irreversible, los griegos lo llamaban "acmé". Que en mi diccionario VOX se traduce por "agudeza, madurez, culminación, tiempo justo, momento decisivo". Significa también otras cosas, como "punta" o "extremidad del cuerpo", pero ésas no viene al caso. Y se lee en más de un libro que trata sobre lo nuestro, que Fulano de Tal tuvo su "acmé" cuando la Olimpiada diecisiete, por ejemplo. Lo que suelo llamar "ver el monumento" y que es, en concreto, la primera vez que se pisa la meseta, el Nivel IV. En latín se le dice "floruit" o florecer, realmente es en tiempo pasado, floreció.

        Ese momento tiene algo especial y uno lo recuerda toda su vida. Pero antes de ese momento, el que progresa, el prokoptes, ya iba haciendo las cosas bien a tiempo parcial, en las ocasiones favorables, cuando el viento no sopla de frente y a cien por hora. El buscador se va mejorando a sí mismo y va incorporando Perfección en su vida, a su persona. A esa perfección los griegos la denominaban areté, que en mi diccionario se traduce por "excelencia, mérito, perfección, nobleza de ánimo, gloria, dicha". Como se ve, varias de estas acepciones describen a la perfección el momento singular de que estamos hablando. Luego veremos cómo se deforman estos concepto en las traducciones modernas al uso.

        Si el buscador sigue insistiendo, sigue aumentando la cantidad de areté en su día medio, y finalmente termina por llegar a su acmé. Una propiedad que acompaña a la areté y que se hace permanente a partir del momento cumbre del acmé es la apateia. La partícula "a" significa negación, no. "Pateia" es "desgracia, infortunio, prueba". Viene del verbo Pasco que es sufrir todo eso, de ahí la Pascua. 

        El lector puede analizar a ver si cuando está haciendo las cosas como Dios manda (que se decía antes) él también experimenta la apateia, la ausencia total de sufrimiento. Esto es así en los momentos de contacto con el Fondo, pero incluso en momentos de menor euforia sutil también se nota que algo pasa con el sufrimiento, que felizmente se evapora. Tras el acmé, la apateia es permanente, lo que no tiene nada de particular. 

        Para no quedarnos con las acepciones del frío diccionario, digamos que la apateia es el no padecimiento, la ausencia de sufrimientos, el no estar sometido al mal. Lo de "y líbranos del mal", que dejó escrito no sé quién. Para el lector estará claro que vernos para siempre libres del mal es una de las cosas que con más acierto se pueden pedir. No es ninguna bagatela.

        Como se ve, los antiguos griegos tenían perfectamente conocido, perfectamente definido y perfectamente exploradas las diferentes etapas del Camino. Y estas etapas, y los medios a poner para irlas superando, era lo que se enseñaba en todas las Escuelas de Sabiduría. Y este Conocimiento formó parte sustancial y nuclear del llamado Helenismo, que fue un estallido de saber hacer en medio de un panorama mucho menos luminoso. Pero todo eso se eclipsó y hoy, 2.500 años después, nuestra ignorancia de todo este proceso es impúdica e insultante.

        Terminaremos dando un flash de cómo se operó tal ocultación Ya vimos que al concepto logos se mandó traducir por "razón", con lo que se enmascara toda parentela con gente importante y se oculta el concepto clave. El concepto de semillas de logos, logoi spermatikoi, la "i" final es el plural, que es algo más difícil de enmascarar, se traduce, sin sonrojo, por "razones seminales", que, claro está, dejan al lector con cara de estúpido cuando lee eso. El concepto de demon se hizo equivaler a demonio, que todos sabemos lo que viene a insinuar.

        De los conceptos de hoy, el término areté se traduce invariablemente por "virtud", que es una palabra que entra en la panoplia ideológica de Occidente. Así, tener areté no es ya nada relacionado con la Perfección, sino ser virtuoso. Y me he sorprendido cuando he mirado en mi Diccionario Espasa Quince y he visto que "acmé" es el "período en que una enfermedad alcanza mayor intensidad". De modo que es algo peligroso y de lo que conviene librarse. No es extraño que con tales crímenes conceptuales, hayamos salido los occidentales tarados ideológicamente durante centurias. Y que todavía lo esté, la mayoría.

        Dejamos para la próxima ocasión hablar de otro par de cosillas de este tipo, como la proairesis y el gnomé. Vámonos a practicar un poquito mientras lo de la areté ésa, a ver si nos topamos con la apateia ...


Incultura sutil 

 

        Estamos tratando de volver a recuperar la cultura sutil que se tuvo en la Grecia clásica, cuando aún faltaban unos trescientos años para el cambio de era. Los que enseñaban Sabiduría allí conocían, y se enseñaba, lo que nosotros llamamos "rampa de acceso". Sabían de la Semilla de Logos que habita en cada uno. De esa Semilla decían que era la verdadera Naturaleza del humano y que convenía actuar de acuerdo con la Naturaleza, con todo lo que eso significa y exige.

        Los griegos en esta época escribían todo con mayúsculas, no se habían inventado aún las minúsculas. De forma que igual da decir que escribían todo con minúsculas. Eso tiene su importancia, porque los traductores atrevidos a ignorantes en lugar de leer "conviene actuar de acuerdo con la Naturaleza" leen "conviene actuar de acuerdo con la naturaleza". Y claro, no tienen ni idea de a qué naturaleza se refiere.

        ¿Será la naturaleza ésa la selva, el campo, la fauna y la flora? Pero eso es absurdo. Parece que deba ser la naturaleza del ser humano, pero ¿cuál es esa naturaleza? Y por eso algún traductor despistado, ignorante de que para traducir Sabiduría hay que saber incluso bastante del tema, se pregunta en voz alta a ver quién le va a explicar a él a qué naturaleza se refiere el autor griego al que pretende traducir. Y lo hace, aunque mal, claro. Un ejemplo, las Meditaciones de Marco Aurelio, sobradamente conocidas.

 

Meditaciones de Marco Aurelio.

Libro editado en 1.985.

        Copio de la Introducción, página 14:

"Ante sus continuas alusiones al tópico de "vivir conforme a la naturaleza" cabe preguntarse: ¿Qué quiere decir exactamente "vivir conforme a la naturaleza"? ¿Hay alguien que nos enseñe tal cosa? ¿La naturaleza misma? ¿Y cómo? ¿Qué relación guarda el arsenal de recetas estoicas con la naturaleza, esa entidad abstracta?"

        Notará el lector que el desconocimiento de que hablamos lleva al traductor, de cuyo nombre no quiero acordarme, a calificar de tópico lo de "vivir conforme a la naturaleza", que es la cosa más seria y más difícil de lograr. Y que a las máximas y reglas de la Escuela estoica, a la que el Emperador Marco Aurelio pertenecía, son calificadas al final del texto de "recetas", lo que se aplica asimismo a las instrucciones que permiten preparar unas natillas o un buen asado. Y, para mejor definirse, lo que enseñan los estoicos es un "arsenal de recetas". ¿Qué podemos decir ... ?

        Es decir, nuestra incultura sutil, y la de nuestros traductores, les lleva, a los menos malos de entre ellos, a sospechar que algo está fallando en el asunto éste de la traducción. Lo que demuestra que la incultura sutil es real y extendidísima. Lo que tampoco les impide ganarse la vida imaginando que lo que hacen es traducir. Los otros, los ignorantes y osados, ni siquiera se plantean dudas.

        Así pues, la incultura hace que ni siquiera los que traducen obras que contienen Sabiduría sean capaces de entender lo que traducen mal. Por este mes conformémonos con tratar de dejar claro que el problema de la incultura sutil incapacita a todo inculto para entender nada, a todo traductor inculto para traducir bien nada sabio. Y si los que traducen son incultos e incapaces, dígaseme quién podrá aprender algo de unos que ni siquiera saben traducir a los que supieron.

        De modo que esto de la cultural sutil no es un virtuosismo de dudosa utilidad, un capricho del autor de estas líneas, una utopía bienintencionada pero vana. No, es una incapacidad colegiada, societaria, universal, que se extiende como una negra nube sobre todo nuestro Occidente. De los muchos escritos sabios que había, el 99´9% se quemó. Y las escasas migajas que quedan no hay quien las traduzca correctamente, porque los traductores son todos unos ignorantes integrales, que, además, ni se dan cuenta de que lo sean. Porque nuestra sociedad vive en las cavernas sutiles y, usando el móvil, manejando el portátil y poniendo la televisión, ha perdido la memoria de qué sea la Cultura Esencial.


Nuevas traducciones

        Hace unos 15 años me propuse comprar el libro "Vida y obra de los Filósofos más ilustres", de Diógenes Laercio. Fui a mi Librería habitual, el Librero miró en un grueso libro de tapas negras y me dijo que sólo lo tenía disponible la Editorial Porrúa, de Méjico, aunque con Distribuidor en España. Lo pedimos y aquí está:

Vida y obra de los Filósofos más ilustres.

Méjico, 1.984.

        Cuando alguien traduce un libro, o lo tiene desde antes de comenzar o va tomando cierto cariño al autor del libro que traduce, no en vano se está introduciendo en su forma de pensar. Cuál no sería mi sorpresa cuando en la Introducción leí:

"Por lo demás, los lectores se reirán como yo al ver los caprichos, las sandeces y necedades de Aristipo, Teodoro, Diógenes y demás cínicos; la metempsicosis pitagórica; el fanatismo republicano de Solón y otros; las manías de Crates; las aprensiones de Pirrón, Bión, etcétera; el ateísmo de unos; el politeísmo de otros, y, en una palabra, cuántos disparates hacían y decían algunos filósofos de estos; pues, como ya dijimos, la filosofía que no va sujeta a la revelación apenas dará paso sin tropiezo."

        Era evidente no ya ausencia de afecto, sino cierto menosprecio y una postura de total superioridad por parte del Traductor. Mi sorpresa aún aumentó al enterarme de la época de que provenían estas líneas.

"En cuanto a varias expresiones propias del gentilismo, he notado en sus propios lugares lo conveniente, aun con suma brevedad, en beneficio de la gente joven y sencilla, especialmente cuando se ofrecen opiniones ajenas a la sana moral. Así lo tiene mandado el santo Tribunal de la Inquisición por decreto del año próximo pasado 1.791 (con apoyo del Concilio Lateranense, terminado en 1.517), a los maestros de filosofía siempre que les ocurran opiniones filosóficas que, dejadas sin explicación, pudieran ser dañosas al pueblo cristiano."

        ¡Ese texto fue escrito en 1.792, cuando le quedaban a la Inquisición 42 años de vida! No sé por qué razón los modernos Traductores conservan estas líneas del que fue el primer traductor de Diógenes Laercio a nuestro idioma. Pero lo que importa es captar la postura, que, ciertamente, es un extremo.

        El otro lo sería la posición de otro Traductor, el más honesto de los que me he topado, el de este libro:

Obras completas de Maesse Eckhart.

Barcelona, 1.983.

        Así dice en su Introducción:

"La presente versión castellana no puede ser más que un intento sincero, serio y cariñoso, si bien necesariamente imperfecto, de dar al lector de habla castellana una visión e idea los más aproximadas posibles de lo que es la obra alemana de Maesse Eckhart. ... hay una serie de palabras fundamentales que ofrecen dificultades de menor o mayor grado para la traducción ..."

        Y lista las palabras de comprensión problemática ...

"conocimiento ... afín ... desnudarse de la imagen ... esencia ... efluvio violento ... modo de ser del que avanza ... "

        Un libro de investigación sobre Medicina ha de traducirlo un Médico. Un libro sobre los últimos avances en Ingeniería electrónica ha de traducirlo un Ingeniero electrónico; ni siquiera un Ingeniero mecánico, lo sé muy bien. Ha de ser de la especialidad, electrónico. Del mismo modo, un libro de un autor de Conocimiento ha de traducirlo alguien que lo tenga muy dentro. Bien está el cariño, pero, aun siendo conveniente, es insuficiente.

        Habrá que acometer la traducción de todos los libros de Sabiduría antiguos. Los han traducido personas completamente despistadas. Unas lo reconocen, otras ni pueden. 


Cultura sutil e hijos.

 

        Vimos el mes pasado que los antiguos ponían como condición para poder llegar a la plenitud como seres humanos en esta jornada de nuestra vida dos condiciones: Tener un cierto nivel de partida y una buena educación. Y añadían, educación que debe prodigarse desde pequeños.

        Vamos a hablar de la cultura que podemos dar a nuestros hijos. Porque no serviría de nada pretender extender esa cultura sutil si olvidamos hacerlo en la esfera más inmediata, allá donde tenemos durante un pequeño tiempo una cierta capacidad de maniobra, con nuestro entorno más inmediato, con los hijos.

        Nosotros hemos empezado, la mayoría, no demasiado tarde, pero sí muy tarde, los años de nuestra juventud han sido de total ignorancia y al comenzar la tarde de desintoxicación hemos estado bastante solos. Y esto está siendo así aun hoy en día. Los primeros pasos, los primeros cinco o diez años de búsqueda lo son en solitario, no ya sin alguien que guíe, sino incluso sin alguien con quien compartir o con quien departir.

        El recibimiento de los hijos da tiempo a que uno crezca lo suficiente como para poder ayudarles. Esto va dirigido a quienes han comenzado sus hallazgos cuando aún los hijos no están en camino. Tampoco es imprescindible haber coronado la Meseta para poder mostrar el camino.

        En esa labor de anunciar a los pequeños la Buena Nueva ayudará mucho que los hijos nos vean serenos prácticamente siempre, a su favor, dialogantes, no posesivos, que tengan confianza total en nosotros, porque hayan comprobado que siempre estamos a su favor (lo que no significa que les demos siempre la razón), que somos de los que saben ponerse a su altura. Con todo ello podremos predicar con el ejemplo, además de sugerencias y aclaraciones sobre la manera de llevarse en la vida.

        Tampoco es cuestión de arremeter contra todo lo que aprenden del medio, pero sí que sepan desde muy pequeños que existe eso de respetar a los pequeños y lo de dominar las adversidades. Hace no mucho, a un pequeño de 6 años que no soporta la primera adversidad del día sin refunfuñar y pegar patadas al suelo, le decía: "Mira, los bebés lloran cuando algo no les gusta o cuando le pica el culito. Los mayores lo soportamos sin llorar y sin gruñir. Tú, ¿qué vas a hacer?" Y me hago la ilusión de que cuando se quedó callado mirándome, estaba pensado.

        El padre no debe sorprenderse ni demostrar contrariedad si tiene que repetir la lección un día sí y otro también. Ya sabe de derrotas por propia experiencia. El niño tiene mucha menos constancia que el mayor. Y nosotros ... mejor no hablar.

        Darle confianza en sí mismos, cuando andan flojillos de ella, sacando a relucir sus buenas cualidades, ayudarles a vencer sus puntos débiles, a dominarse, ponerles en la disyuntiva de decidir en cosas pequeñas, fomentar sus aficiones, su creatividad. Captas sus preferencias y no empeñarse en teledirigirlas, para que hagan lo que hicimos/no hicimos nosotros a su edad.

        Favorecer su independencia. Que sepa que nos tiene a su alcance cuando nos necesite. Y que sus problemas son para nosotros tan importantes como lo son para él. No importa casi, como se ha dicho en el Foro, cuánto tiempo estamos con ellos, sino de qué calidad es esa relación, la cercanía, la confianza.

        Para terminar, en la pareja uno va delante y el otro, algo detrás. El de adelante ha de guiar sin que se note, crear el ambiente, tener la más estrecha relación con los hijos, establecer el modelo de educación. Y lograr que éste sea el Conocimiento. O habremos perdido una generación, la nuestra.


Las raíces de la incultura.

 

        El buscador de hoy en día se siente solo. Mira entre sus familiares, entre sus amigos de toda la vida, entre sus compañeros de trabajo y apenas encuentra a nadie que se interese por los temas que a él le interesan. Es más, y peor, si habla con ellos de sus inquietudes más íntimas, de sus convicciones más profundas, los demás fruncen el ceño y esbozan un rictus que significa aproximadamente "éste está pirado". Por lo cual, la experiencia de nuestro/a buscador/a le dice que está más guapo/a callado/a. Como es molesto tener que escribir con signos raros, en adelante hablaré en masculino, estando ahí comprendidos ambos sexos, que de todo hay.

        Vamos a tratar con todo el detenimiento que el tema requiere las raíces de esta anómala situación. Y como es posible que en un artículo no nos dé tiempo de terminar el análisis, sepa el buscador empedernido que no es él quien tiene el problema. El problema lo tienen los que no buscan. Prueba de ello es que nuestro buscador vive, en general, mejor que los no buscadores. Si no fuera así, hay motivos para sospechar que nuestro buscador busca mal o aún no ha arreglado lo que los demás no saben que deben arreglar. Pero vayamos a las causas.

        Tenemos que remontarnos en la Historia algo más de 3.000 años. Si lo hacemos, sabremos que hace 3.200 años hubo una invasiones en la parte sureste del Mediterráneo que los expertos conocen como la invasión de "los pueblos del mar". Centrémonos en esas invasiones. Antes de aparecer "los pueblos del mar", en la región se habían creado varias civilizaciones. Estaban la civilización egipcia, arraigada y con siglos de pasado, la minoica, la cicládica y la micénica. Pues bien, aparecieron en el horizonte "los pueblos del mar". Eran muchos y eran más brutos que los cicládicos, minoicos y micénicos. Y arrasaron las tres civilizaciones locales, la minoica, la cicládica y la micénica. Ninguna de las tres levantó cabeza. Las tres se hundieron para siempre, desaparecieron y no se recuperaron del golpe "marino". Los egipcios lograron recuperarse, tras muchos años de lucha. Si se estudia la Historia, se observa que de cuando en vez llega una invasión, la intrusión de personajes nuevos en el campo de una sociedad y se produce una hecatombe, el paisaje queda arrasado. Los logros de siglos de cultura y civilización quedan borrados, destruidos, anulados.

        Hay una situación que se llama economía de supervivencia. Cuando es ésa la preocupación básica del ser humano, sobrevivir, no hay cultura que valga. La vida es la cultura básica. Cuando ella, la vida, no está en peligro, surge la cultura, la civilización. La civilización exige disponer de tiempo para pensar, para crear, para ocuparse en los adornos, en la estética, en lo superfluo, se exige tener de sobra. Eso requiere tener la economía de la subsistencia ligeramente superada. Una sociedad tiende lentamente a progresar, a superarse a sí misma, a madurar como sociedad. Hay dificultades, el egoísmo de los bien nacidos suele ser la principal. Pero la sociedad las va superando lentamente. Y se crea una determinada cultura. Los griegos fueron los primeros que maduraron lo suficiente como para crear su cultura. Las versiones culturales cicládica, minoica y micénica conocieron y sucumbieron ante las invasiones de los pueblos del mar, pero hacia el año 700 los griegos levantaron cabeza. Los "griegos" eran las invasores y los invadidos fundidos. Habían pasado 500 años desde la invasión desoladora. No se piense el buscador que 500 años son mucho tiempo para una recuperación. ¡No son nada! Ojalá todas las recuperaciones requirieran sólo 500 años. Otras requieren 1.000 años y para otras, 1.500 años son poco tiempo y requieren más.

        Veamos otra invasión más conocida. El Imperio romano surgió a partir de una ciudad ambiciosa, Roma, que empezó a conquistar regiones vecinas. Luchó Roma con Cartago, porque Cartago hacía lo propio, conquistar regiones vecinas. El Mediterráneo era escenario idóneo para un Imperio, pero no para dos. El que más pudo, Roma, se quedó con el Mediterráneo. Cuando Roma conquistó Grecia, donde había una cultura avanzada, Roma no arrasó, como "los pueblos del mar". Adoptó los logros de la cultura griega y los hizo suyos. Eso ocurre con muchos conquistadores, menos cultos aunque más fuertes que los conquistados. La diferencia entre conquistadores e invasores es que los primeros tienen su culturilla, los segundos son unos zafios. Como se decía en mi casa, los invasores son "más brutos que un arado". Y ciscan todo lo que pisan. Es lo suyo, carecen de sensibilidad para la cultura y el saber, es como lo de las margaritas y los cerdos, misión imposible.

        Pero, allá por los años 400 y poco hubo una invasión del Imperio romano por los pueblos del norte, a los que los romanos llamaban bárbaros. Los bárbaros del norte eran invasores, carecían de cultura y sensibilidad para ser capaces de adoptar sin destruir. Pisotearon y relegaron al olvido la Escultura, la Arquitectura, la Pintura, el Saber griego y romano, todo. Hubo, sin embargo algo de la cultura romana que sobrevivió, fue el Cristianismo. Podríamos pensar, si fuéramos no buscadores, que la cultura griega y romana sobrevivieron en el Cristianismo. Dejemos la cosa ahí y vayamos a lo fácil.

        La Arquitectura precisó unos 800 años, del año 400 al años 1.200, para recuperarse, con el Gótico. La Pintura y la Escultura no estaba recuperadas hasta el año 1.500, con Leonardo da Vinci como uno de los primeros artistas equiparables a los clásicos. Hicieron falta 1.100 años para recuperar el nivel que se tenía no ya en el año 400, sino 800 años antes, el año 400 antes de Cristo. Una invasión como la sufrida por el Imperio romano volvió el tiempo hacia atrás por 1.100 más 800 años, 1.900 años. Porque en el 1.500 se volvía a empezar, como se hizo el año 400 antes de Cristo. Cuando una civilización permite una invasión, el reloj corre hacia atrás una cantidad impresionante de tiempo. Porque la recuperación parte prácticamente de cero, como estaban las cosas cuando esa civilización invadida estaba en sus comienzos.

        Es importante captar las consecuencias de una invasión o nos perderemos de vista las raíces de nuestras miserias. Que haberlas, haylas. Hemos de centrarnos en nuestra situación ideológica, en la cultura existente en el Mediterráneo en el momento en que sufrimos una invasión despiadada en el mundo de las ideas. Pero es tarde hoy para iniciar este tema vital. Mejor lo dejamos para la próxima ocasión. Piense el buscador por su cuenta ...


Lo Superior y el cerebro.

 

        Una intervención de un Forista amigo me incita a tratar este tema, por ser de actualidad.

        Hace algunos años, los científicos de alto rango tenían, respecto a los buscadores y activistas de lo sutil, la opinión de que éramos soñadores, sugestionables, sedientos emocionales, forjadores de ilusiones y otras lindezas. En 1.975 el doctor Moody editó su conocido libro "Vida después de la vida" y en 1.987 la doctora K.Kübler-Ross el suyo, "La muerte: Un amanecer". Se empezaron a realizar análisis sobre qué sucedía, si es que algo sucedía, cuando una persona "buscaba" de manera activa. Al cabo de los años se vio que sí, que algo sucedía dentro del cerebro, ciertas zonas del cerebro cambiaban su actividad.

        Si hubiera habido neutralidad ideológica, los científicos hubieran dicho algo así como "Caramba, pensábamos que estas cosuchas de lo trascendente eran pamplinas para canarios y ahora resulta que cuando un buen hombre se pone, por ejemplo, a meditar sí que se producen actividades cerebrales que, en nuestro desconocimiento, dábamos por inexistentes, igual que cuando, por ejemplo, ve un ejemplar del sexo opuesto con poca ropa. Habrá que investigar mejor esto de lo trascendente, ya que lo habíamos ignorado olímpicamente." Tal vez los científicos serios, conscientes de su falta, por dejar de analizar tema tan serio y hacerle así el juego a la teología ancestral, se callaron y siguieron investigando más duramente algo que les era completamente desconocido. Pero no faltaron escritores y doctores rapidillos que se apresuraron a sacar conclusiones sesgadas, fruto de sus creencias ancestrales o de su ateísmo vigoroso.

        Me ha satisfecho que las tremendas sensaciones, e incluso la suave paz de la relajación, dejen huellas en la fisonomía de nuestros sesos. No podía ser de otra guisa: Lo que ha fallado hasta ahora no es la esencia del ascenso, sino el interés de los "sabios" por saber lo que sucede en su sima personal o la ausencia de instrumental suficiente para sondear las cumbres de la Esencia Superior. Sépase que estamos en los tiempos de Parménides, como se insinuó en artículos anteriores, y que sólo con constancia lograremos que la Sabiduría se extienda hasta asomar por el Congreso y el Senado de este somnoliento país.

        Se ha leído bastante recientemente que "a Dios se le crea en la mente". En Reyes, y sin saberlo previamente, me regaló alguien "El alma está en el cerebro", del bueno de E. Punset. Fue de los libros que empiezo a leer por atrás, veo las conclusiones y concluyo que el autor no sabe por dónde va, de modo que dejo el libro, no merece la pena dedicarle tiempo.

        Parece que no se dan cuenta de que el sujeto del experimento decidió meditar por su libre albedrío. Y que fue cuando decidió actuar de cara a la Dimensión sutil cuando comenzó a experimentar sensaciones especiales y se activaron ciertas zonas de su cerebro, siempre las mismas cuando medita. Hablo de meditación por ser la actividad sutil con más historia y más conocida. Otros autores que están en esta web concluyeron lo mismo, que a la Divinidad la generamos nosotros cuando comenzamos a imaginarnos que entramos en comunicación con ella.

        Felizmente otros investigadores de entre los más relevantes decidieron llevar a la pantalla lo que pasa en nuestro cerebro, qué centros producen qué cosas y lo hicieron sin prejuicios, reconociendo con humildad que no tienen ni idea de qué hay más allá de los elementales resultados a que han llegado, resultados que, esos sí, son firmes, están comprobados y admitidos por la mayoría de sus colegas. Me refiero a la película "Y tú qué Sabes?", que ya hemos comentado en esta web.

        Todos esos investigadores, doctores en diferentes ramas de la Ciencia, han transgredido la regla elemental y conocida desde antiguo, de que para investigar y averiguar hechos ciertos sobre una parte de la realidad hay que ser experto en esa parte, no en otra. Y muchos caen en la tentación de, con muy escasa información, elaborar conclusiones osadas, fruto de sus propias filias y fobias. Aceptado que ellos hagan lo que quieran con sus ideas, son libres. Aquí se trata de llamar la atención del buscador para que no se desanime, recele o dude de la realidad y bondad de su búsqueda ni de la consistencia de sus logros por las afirmaciones de analfabetos ilustres.

        Por la misma regla de tres podrían afirmar que el Amor no existe, y lo dicen, o que la evolución no existe, que todo es resultado de un cerebro poco dominado y conocido, que ahora hace las veces de todo. Estamos ante los primeros balbuceos de los microscopios y sensores respecto a la actividad sutil, hay que esperar. Los científicos, ateos en su inmensa mayoría, no se han ganado aún participar de lo sutil. Por ello, han de medirlo por sus efectos secundarios, la activación de tal lóbulo del cerebro o cual meninge. De ahí que conviene avisar al buscador de que no se deje afectar tampoco por las voces de los que, sin tener experiencia alguna de contacto con la Dimensión Sutil y desde las primeras posiciones en otras ciencias, lanzan sus conclusiones hipotéticas sobre las interpretaciones que dan de resultados de laboratorio muy primarios y parciales.

        Primero, todo eran imaginaciones. Ahora, las primeras pruebas refuerzan sus convicciones de que no hay nada además de lo visible y que todo lo no visible es juego mental. No se dan cuenta de que negando la Vida en Plenitud lo único que muestran es su analfabetismo sobre tan importante cosa. Y puedo aquí repetir lo que una persona mayor me enseñó cuando era joven: "Una persona joven que haya dedicado cientos de horas a un tema concreto sabe más de ese tema que muchos profesionales mayores." Por la misma ley, un buscador que ha experimentado su primer "contactillo" sabe más de temas sutiles que un docto investigadores que construye su saber con docenas de cables y oscilógrafos. Uno escucha en directo la canción, el otro trata de enterarse de si existe la música midiendo las profundidades de la huella en el disco microsurco o, lo que es peor, pasando el dedo por un CD. No hay color. Pero allá ellos. 

        Amigo buscador, los científicos de alto standing saben bien cómo emplear sus aparatos y medir intensidades de corriente y diferencias de potencial eléctrico, pero muy poco de lo que tiene valor, del Conocimiento. Ya aprenderán; nosotros, tranquilidad y a lo nuestro. 


Las raíces de la incultura 2.

 

        Hacia el año 550 antes de Cristo algunos griegos, pueblo que actuaba dentro de una bastante aceptable libertad de pensamiento, no tenían castas sacerdotales consolidadas, convivían los dioses oficiales con los misterios de Eleusis, comenzaron a enseñar el Conocimiento. Los primeros que recorrieron el Camino, Pitágoras (580-500), Xenofanes (570-470), Parménides (540-450), ), Heráclito (533-475), Empedocles( 489-433), Sócrates (469-399) y Demócrito (460-370) fueron dejando abundante obra escrita y discípulos que a su vez habían llegado al Conocimiento. Los alumnos de Sócrates más aventajados, ya Maestros, fundaron algunas Escuelas, como la de Megara, otro se asentó en la propia Atenas, pero fueron tres alumnos de estas Escuelas de vida corta los que fundaron los tres Escuelas escéptica, estoica y epicúrea. En las tres se enseñaba lo mismo, aunque con diferente vocabulario. Sus fundadores, Pirrón de Elis, de la escéptica, Zenón de Zitio, de la estoica y Epicuro de Samos, de la epicúrea.

        Estas Escuelas se perpetuaron en el tiempo y por ejemplo, Cleantes y Crisipo (276-204) fueron dos Maestros directores de la Escuela estoica que dejaron ingente obra escrita, 200 escritos el segundo, lo mismo que Epicuro, más de 300 obras. Por sus aulas pasaron innumerables ciudadanos, algunos de los cuales fundaban a su vez Escuelas locales en su ciudad de origen o destino, tal que Epicteto (50-140) en Nicópolis, Amonio Sakas en Alejandría, su discípulo Plotino (203-270) en Roma.

        Los romanos conquistaron Grecia, pero los romanos eran conquistadores, no invasores. Sus dioses oficiales encontraron deidades similares en el panteón griego, pero numerosos miembros de las clases más elevadas adoptaron la Filosofía como algo más cercano a la realidad que los dioses olímpicos o sus similares dioses romanos ancestrales. Sobre todo la Escuela estoica hizo furor en Roma y estoicos terminaron siendo los Emperadores filósofos, la dinastía de los Antoninos, que rigieron el Imperio desde los alrededores del año 100 hasta el 180, con Marco Aurelio.

        Podemos imaginarnos lo que significa que el propio Emperador sea un prokoptes. Es más todavía que si lo fuera el inquilino de la Casa Blanca durante los años que el lector quiera, como mínimo los 20 años que reinó Marco Aurelio, es decir, cinco presidentes sucesivos. Porque la autoridad del Emperador se extendía no a un país, el más poderoso, sino a todo el Imperio.

        La característica que se dio en todo este tiempo, en Grecia, hasta el año 150 antes de la era común, y en el Imperio romano, hasta el 325 de nuestra era, es lo que aquí llamamos "democracia divina". Los políticos hacían política, ocupándose de las alianzas entre pueblos y de legislar, repartir justicia, acuñar moneda, declarar y dirigir las frecuentes guerras, como ahora, y el resto de "sus labores". Los políticos hacía política y lo religioso seguía su curso libre, en un ambiente más o menos perfecto de tolerancia entre los griegos, y bastante más perfecto incluso en el Imperio romano, con grescas locales de cuantía menor, como la matanza de judíos en Alejandría.

        De modo que ideológicamente convivían las divinidades ancestrales, Júpiter, Juno y Minerva, en Italia; Zeus, Hera y Poseidón en Grecia; Amón-Ra y demás en Egipto y otros en otras zonas. Existían los cultos mistéricos, de Eleusis en Grecia, de Mitra en Tracia, de Isis en Egipto, etc. Los misterios se exportaban a todo el Imperio, se ha encontrado un pequeño Templo de Isis en Pompeya. Gran parte del ejército romano, sus legiones, eran adeptos a los misterios de Mitra. Además, la Filosofía, con las célebres tres Escuelas en Atenas y las que surgían en otras ciudades, como ya se ha indicado.

        Ese mosaico de alternativas ideológicas donde elegir, lejos de suponer un desorden y un caos era lo mejor que puede sucederle a una sociedad, en la que las creencias se esparcen en leal competencia sobre el territorio donde reina la tolerancia. Y las creencias tienen solamente una importancia relativa. El poder no favorecía ni premiaba a una u otra y el Emperador, en sus viajes, levantaba un Templo a Zeus en Atenas, otro a Isis en el Nilo y otro, a la vuelta, al Júpiter romano en Roma capital. Algo así como si a Trajano o a Adriano les importara igual un dios que otro, con tal que los ciudadanos fueran buenos ciudadanos del Imperio que cumplían con sus obligaciones cívicas.

        Esto duró desde el año 500 AEC. hasta el 325 EC., ocho largos siglos de tolerancia, de acumulación de escritos obras de Maestros y de divulgación sin obstáculos del Conocimiento. Nadie se le opuso, ningún poder político lo adoptó. En el tema ideológico, sálvese quien pueda.

        Esta situación conoció un final, el proceso que se desarrolló en el período que va del 325 al 395. El año 325, la situación era la que conocemos; el 395 será otra muy distinta. En esos 70 años Occidente se jugó su libertad de expresarse en el tema ideológico para siempre. Se avecinaba una invasión, con todo lo que ello significa de pérdida, retroceso e incultura durante muchos siglos venideros. 

        La detallaremos el próximo día, pero el lector ya la conoce, puesto que en ella fue educado. Lo sorprendente es que una invasión ideológica producida en el siglo IV y sobre las riberas del Mediterráneo todavía esté afectando no ya al Imperio romano mediterráneo, sino a todo lo que ese "Imperio" ha conquistado, la nueva Roma, tres continentes.


Tertulia con Manue

 

        Se ha generado una conversación entre dos buscadores con solera. Está en este enlace, para no duplicarla.


Tertulia con Manue 2

        La segunda parte de la misma conversación, en este nuevo enlace.


Las raíces de la incultura 3.

 

        Hemos llegado al período fundamental, al que va de Constantino a Teodosio, del 325 al 378. Ambos fueron denominados "el Grande" por los que escribieron la Historia de Occidente. No vamos a hacer aquí apología de una versión o de una investigación. Digamos, aunque el lector ya lo sabe, que lo sucedido se sitúa entre tres puntos o posiciones.

        Según la primera posición, la Divinidad vio conveniente enviar a la Tierra a su Hijo para redimir al mundo. Éste nació judío, hijo de madre virgen, por obra del Espíritu Santo, predicó la Buena Nueva, tuvo discípulos y murió en la cruz, redimiendo así al género humano, siempre que el aspirante a redimido abrazara la fe cristiana y creyera lo que está escrito en el Nuevo Testamento, obras escritas por algunos discípulos directos, como Pedro, Santiago, Juan y Judas y otros de una segunda generación, como Marcos, Mateo, Pablo y Lucas. Los seguidores del Maestro fueron perseguidos largamente durante los primeros siglos, aunque no exterminados, hasta que Constantino abolió las persecuciones y finalmente Teodosio declaró al religión cristiana como la única permitida en el Imperio y ahora las demás religiones fueron las perseguidas y exterminadas.

        Según la segunda corriente de pensamiento, el Hijo de Dios de la primera corriente no existió como ser mortal, lo que hubo fue una idealización de un ser mítico, similar al que había en otras religiones mistéricas, que borraba los pecados del fiel de dicha religión. Este ser mítico fue predicado por Saulo-Pablo y fue tomando poco a poco el carácter de personaje histórico del que se llegaría a escribir su biografía más tarde, después del siglo I. La Divinidad de dicho personaje fue el añadido final, cercano ya al tiempo en que Constantino decidió que el culto a este ser divino sería la religión que él apoyaría para todo el Imperio y al que construiría Templos. Teodosio llevó más lejos las cosas y la declaró la única permitida. Quien no la adoptase sería traidor al Imperio y perseguido.

        Según una tercera corriente, con muy escasa representación parlamentaria, Jesucristo no existió, tampoco Pablo, ni discípulo alguno de un ser inexistente, y todo el carácter histórico del personaje y su entorno fue generado por orden de Constantino en el primer cuarto del siglo cuarto. Se inventó toda la historia de esa religión, se inventaron persecuciones y escritos de supuestos cristianos anteriores. Constantino apoyó el culto que acababa de inventar construyendo Templos a ese Dios. Unos 50 años más tarde, Teodosio la declaró como única religión permitida.

        Como se aprecia, los dos planteamientos últimos no difieren demasiado. No obstante, aquí no nos limitaremos a considerar las dos hipótesis citadas en último lugar. La raíz de nuestra ignorancia no radica en que tenga razón una u otra de las tres versiones.

El desastre ideológico en que está atrapado Occidente proviene de que un par de ignorantes en el mundo de la ideología, Constantino y Teodosio, Emperadores y militares ambos, se permitieron dictaminar que su ideología favorita era la mejor, según el primero, y la única aceptable, según el segundo. Y la impusieron, borrando del mapa ideológico a todas las demás.

        Si entre todas las demás, ninguna fuera correcta, tampoco se hubiera perdido mucho. Tanto daría caer en este pozo como en el siguiente. Pero a lo largo de los siglos, generaciones de humanos habían encontrado caminos de acceso a la Plenitud que al ser humano le está reservada. Unos lo enseñaban en plan mistérico, como en Eleusis. Otro, directamente, como los hoy llamados filósofos, aquí Maestros de Sabiduría, o del Conocimiento. Esa pérdida es la catástrofe cuyas consecuencias todavía seguimos sufriendo.

        Quien quiera comprobar por sí mismo cómo los primeros escritos cristianos que se redactaron tiraban a matar contra la Filosofía griega no tiene más que leer la obra de un supuesto apologista cristiano, Hermias, de cuya vida nada se sabe, sólo quedó su opúsculo, "El escarnio de los filósofos paganos". Si tiene más tiempo, las demás obras de "Los Padres Apologetas Griegos" que aparecen en la obra del padre Daniel Ruiz Bueno, editado por la BAC en 1.996. Allí se aprecia la labor dejada escrita - por quien sea, pero desde los mismo orígenes - contra la Filosofía y contra el pueblo judío.

        Es decir, Europa primero y América después tienen hoy en día la ideología que diseñaron dos Emperadores en el siglo IV de nuestra era. No sólo diseñaron esta ideología, que, por lo que sea, les convencía enormemente, sino que se permitieron proscribir toda otra forma de pensar, de discurrir. La Divinidad, el mundo, la vida, las cosas eran como a ellos les plugo (pretérito indefinido o anterior, del verbo placer, con el sentido de agradar o dar gusto). Les agradaba pensar que Dios era de un determinado modo e impusieron por decreto imperial que la Divinidad era como ellos decían. Les daba gusto suponer que antes de la vida y después de la muerte las cosas sucedían de un modo dado e impusieron a todo el Imperio que así eran las cosas.

        Con los pueblos del norte amenazando, con la mentalidad de la época, hubo oposición, pero no demasiado eficaz, el poder imperial era mucho poder. Y se llevaron el gato al agua. Crearon una casa sacerdotal, la cristiana, y esa casta se ha dedicado durante 17 siglos, finiquitado ya todo resto de Imperio romano, a perpetuar y consolidar la versión que les permitía vivir y no mal.

        Las invasiones tan temidas se hicieron realidad. Por unos pueblos con unas ideologías mucho más elementales que la que había impuesto Teodosio en su Imperio. Por ello, pasado el tiempo, la ideología del vencido se impuso a la más simple del invasor y los reinos bárbaros ¡terminaron por convertirse a la religión de Teodosio! Porque, claro está, la religión impuesta por los dos Emperadores les daba ventaja a la hora de manejar al pueblo. Había sido hecha de encargo, pues aun en la más inocente de las versiones, Constantino recopiló los textos, casi desaparecidos en la última "persecución", y les dio su forma definitiva.

        De unas raíces absurdas - zapatero a tus zapatos - no pueden resultar sino conclusiones absurdas. La incultura consecuencia de las invasiones se dilató durante siglos y siglos, toda la Edad Media. En ella, casi nadie discrepó. Pero nada dura eternamente, el analfabetismo tampoco. No es casualidad que los primeros en poner en duda la veracidad de la doctrina teodosiana fueran los científicos, luego los intelectuales, finalmente, gran parte de los que saben leer.

        Hemos llegado al final en el tema apuntado. Tenemos en Occidente un gran problema, el mayor problema que como sociedad se puede tener, carecemos de norte. Hasta hace una generación este hecho en nuestro país estaba disimulado, por la masiva asistencia del pueblo a los oficios organizados por la casta sacerdotal cristiana. Hoy en día no caben ya disimulos. Hay fuerzas, económicamente potentes, empeñadas en que todo les siga siendo tan favorable como antaño. La Historia se encargará de convencerles de lo inútil de su afán.  Esta web trata de reconstruir la situación antes de que la que iba a ser conocida como Santa Helena concibiera al que iba a ser su hijo, Constantino.

        Bueno es saber cómo está el patio y conocer así lo que de él podemos esperar.


Las raíces de la incultura 4.

 

        Puesto que en Occidente tenemos desde tiempo inmemorial una ideología equivocada, estamos también desde siempre en similar situación a cuando los egipcios adoraban a los dioses encabezados por Amón-Ra, al mismo tiempo que los griegos adoraban a Zeus y sus adláteres, los romanos a Júpiter, Juno y Minerva, los tracios a Mitra y en Grecia apuntaban los primeros filósofos como Parménides, Pitágoras o Heráclito, es decir, en el siglo V antes del cambio de era. En tales situaciones surgen personas que, ya crecidos y sospechando que los ritos a los que asisten desde pequeños, oficiados por los miembros de la casta sacerdotal oficial, carecen en parte de sentido, les da por intentar averiguar cómo son realmente las cosas. Las cosas están puestas de manera que aquéllos que quieren con fuerza averiguar cómo son las cosas, aquello que buscan no les está vedado. De hecho no está vedado a ser humano alguno, pero es imprescindible quererlo saber. Cosa que a la mayor parte de sus contemporáneos no se les ocurre.

        No sé si está bien que lo diga, pero para querer averiguar cómo son las cosas es imprescindible haber dejado de tener problemas con las cosas. Mientras se tienen problemas, uno está peleándose con las cosas. Se enfada con ellas y, enfadado, ya cree saber cómo son, adversas. Y uno trata de sobreponerse a ellas. Es decir, que mientras existe la lucha, a uno no le entran ganas de buscar nada, no tiene tiempo. Por eso hay tan pocos buscadores.

        Pues bien, el que puede busca. El que busca, encuentra. Y el que encuentra, lo cuenta. No lo hace de inmediato, ni a cualquiera. Lo que ha encontrado ya le dice que mejor está callado, que es más prudente. Pero, finalmente, encuentra la manera de ayudar a otros buscadores a avanzar en el Camino de la Realidad, el de saber cómo son las cosas. Y lo primero que ha de explicar es que hay que dejar de pelearse con las cosas para poder encontrar algo que merezca la pena. Pero para detallar eso está esta web.

        Lo que nos interesa ahora es cerrar el círculo de la Historia, pues de un círculo repetitivo se trata. El Conocimiento es un bien preciado, como decía el otro, posiblemente antes del año 500 AEC. ...

"Dichoso el que alcanza la Sabiduría y adquiere el Conocimiento.

Porque es su adquisición mejor que la de la plata y es más provechosa que el oro.

Es más preciosa que las perlas y no hay tesoro que la iguale."

        Llegar a esa meta significa un cambio de vida. No es una vida sin adversidades. La diferencia estriba en la manera de tomarse las adversidades. Pero eso es algo que el lector ya intuye o sabe por propia experiencia. Al final no cabe quedarse callado, abrazando el zurrón con el tesoro. Y me viene a la mente una poesía que encontré no recuerdo muy bien dónde, ni tampoco muy bien cuándo.

                                                    A   M.

                                C´est dommage, trouvé un trésor,

                                ne pouvoir le partager.

                                Là voici que peu du monde

                                un air si souple peut goûter.

                                Mais quand on trouve quelqu´une

                                que du trésor est très près

                                on ne peut pas le dire "au revoir"

                                sans lui donner le secret

                                de toutes les grandes choses avoir,

                                l´amour, la joie et la paix :

                                Foncez la séjour profonde

                                sans préjugés et sans idées.

                                Oui, là se trouve votre Essence.

                                Avec Elle en unité

                                ne serais soumise au maux,

                                ni à plus souffrances, ni à plus peines,

                                vous aurez la joie toujours

                                quoi que ce soit à vôtre côté.

                                Si vous trouvez le trésor

                                sans doute le partagerais.

 

        De modo que ... estamos en el siglo V antes del cambio de era, la invasión ideológica constantino-teodosiana nos ha supuesto un retraso de 2.500 años ... Habrá que hacer lo que hicieron los otros, poquito a poco cambiar el mundo, empezando por nosotros. Cambiar el mundo costará mucho, es un tema que nos supera. A cada uno nos basta con cambiarnos a cada uno. Y eso ... cuesta mucho menos tiempo, aunque tampoco poco. Y tampoco es fácil, pero en eso estamos. Y no se olvide, las cosas están puestas para ser encontradas y sólo permanecen escondidas para quienes no las buscan.


         Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com  hay comentarios y más información sobre este libro.